29 Abr

¿El mundo del G2?

AUGUSTO SALVATTO – Politólogo (CEI – UCA)

El multilateralismo parecería haber muerto y sus propios garantes lo han matado. Pero hay dos países cuya coordinación será vital para alcanzar un nuevo consenso en un mundo post-covid. ¿Tiene futuro el G2?

Desde el mismo jardín de la Casa Blanca en el que en 2017 Donald Trump anunció su salida del acuerdo de Paris, en los últimos días se decretó el fin del financiamiento de Estados Unidos a la Organización Mundial de la Salud. Esto no es una casualidad ni una consecuencia directa de la coyuntura propia de la pandemia, sino más bien un síntoma de la época en la que vivimos: La crisis del multilateralismo.

Esto no es nada nuevo. El BREXIT, las críticas de Trump a la OTAN y a la Organización de Naciones Unidas, los conflictos intraeuropeos y el escepticismo de Bolsonaro ante Mercosur, forman parte de un mismo proceso.

El cuestionamiento al orden liberal llega principalmente desde  aquellos países que se han dedicado a instalarlo y sostenerlo en los últimos 70 años y trae consigo un profundo rechazo a las élites globalistas, que, encerradas en una suerte de Palacio de Versalles Global, se han alejado de la realidad de los Estados que las componen y financian.

Pero paradójicamente, los problemas que afectan a los Estados en el siglo XXI, como la crisis climática, la gobernanza de internet o la pandemia de covid-19, requieren coordinación y soluciones globales. ¿Es posible solucionar estos problemas sin multilateralismo?

¿Del G20 al G2?

Con los organismos multilaterales debilitándose día tras día, avanzamos hacia un mundo donde la coordinación de políticas adquiere un carácter diferente. Mucho de esto se ha visto ya con el rol del G20 tras la crisis económica de 2008.

Pero a diferencia de lo sucedido una década atrás, en 2020, existen dos países cuya colaboración es de vital importancia para alcanzar consensos en un mundo post-covid: Estados Unidos y China tienen el poder y los recursos suficientes como para diseñar nuevos consensos, que serían seguidos por el resto de los miembros del sistema internacional. Y al mismo tiempo no podrían lograrlo sin una profunda coordinación de políticas entre ambos.

Ningún otro país, o bloque de países, tiene la influencia necesaria como para cuestionar un consenso logrado por el G2. Ni una Unión Europea fuertemente debilitada por sus problemas internos, ni tampoco una Rusia que vive más del pasado que de las expectativas de futuro.

*Nota originalmente publicada en Diario Perfil de Argentina.