fbpx

12 Abr

Escrito por José Joaquín Gori.
Embajador de Carrera

Los ingleses al final se salieron con la suya. En calidad de mandaderos de los Estados Unidos sacaron a la fuerza al australiano de la embajada del Ecuador. ¿Qué delitos ha cometido Assange para tan encarnizada persecución? Ninguno, antes bien le hizo un bien a la democracia al revelar a través de su WikiLeaks mensajes y documentos de la diplomacia estadounidense que confirman que en los Estados Unidos existen estados dentro del Estado que se dedican a conspirar, a espiar, a intervenir en otros países, a coordinar secuestros y torturas en el exterior; en fin, lo que llaman the whole nine yards.

Los suecos se prestaron a fabricar una oscura acusación contra Assange en cabeza de dos prostitutas con quienes habría tenido relaciones sin usar preservativo. Que esto sea delito, y que justifique una persecución internacional es algo que huele mal. Cuando las autoridades británicas empezaron a procesarlo por cortesía sueca y destino final los Estados Unidos el hombre se refugió en la embajada del Ecuador. La figura del asilo diplomático esta consagrada en convenios interamericanos, en donde al Estado territorial se le respeta el derecho de calificar unilateralmente la naturaleza de la persecución, y en últimas, definir si concede asilo y solicita, en consecuencia, el salvoconducto para que el asilado pueda salir a otro país. Fuera de nuestro sistema interamericano el problema es que el asilo no cuenta con más protección que la inviolabilidad de la embajada en donde se refugia, a donde no pueden ingresar las autoridades. Pero ahí queda en un punto muerto y sin salvoconducto. Assange ha perdido seis años de su vida encerrado en un reducto incómodo, por el sólo crimen de haber dejado en descubierto una faceta muy oscura y turbia del manejo de asuntos internacionales en los Estados Unidos, algo que todos sabíamos. La comunidad internacional ha dado muestras de cobardía y de pusilimidad. Si el caso fuera de alguien que hubiera hecho lo mismo con secretos rusos, Assange no habría tenido que refugiarse en una embajada, y si lo hubiera hecho, la presión internacional sería tan fuerte que sería liberado a los pocos días, convertido en héroe y best seller mundial.

Ahora viene un drama digno de Shakespeare, con visos de comicidad. Los cargos contra Assange en Suecia son insustanciales. Los británicos cuanto cargo le pueden formular es que no se presentó a sus cortes cuando vio lo que se le venía encima. Hasta ahí el caso no podría pasar de una reprimenda judicial. Desde Suecia presionarán a las supuestas víctimas para que reactiven el caso, para que exista alguna justificación para toda la patraña. Pero por detrás está el tío Sam, que se lo quiere llevar para juzgarlo por lo que serían crímenes si las filtraciones se hubieran cometido en territorio sometido a jurisdicción de los Estados Unidos. No ocurrió así. Pero como en el Mercader de Venecia, de todas formas quieren su libra de sangre.

Entretanto, los presidentes saliente y entrante del Ecuador demuestran a cuánto asciende la ignorancia en estas materias. El actual, Lenin Moreno, justifica la canallada de vender al asilado con la historia de que no ha respetado las condiciones y SE ENCUENTRA EN TERRITORIO ECUATORIANO. Poco le importa que además posea la nacionalidad ecuatoriana, que le otorgó su antecesor. Y en cuanto al antecesor, Correa, sostiene que la entrega es una canallada porque Assange estaba en territorio ecuatoriano.

Alguien les debería informar a uno y al otro que desde 1961, con la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, desapareció la ficción de que las embajadas constituyen prolongación del territorio de su Estado. Poseen inmunidad e inviolabilidad, pero en razón de sus funciones, no por ser territorio extranjero.

Assange ha sido objeto de una vulgar y repugnante operación de trueque. Las contraprestaciones saldrán a la luz, pero eso es algo que seguramente los talabarteros que hicieron de creativos creen que tienen bajo control y cuyos daños pueden ser minimizados con viejas artimañas: le buscarán nuevos cargos, lo sindicarán de ser pedófilo o pederasta, aparecerán cargos de violencia de género y no me extrañaría que lo traten de presentar como desviado mental y acaben suicidándolo. Nuestro Fiscal General ya debe tener lista la ración de cianuro de potasio, por si es necesaria. El caso Assange es una vergüenza para la raza humana, para ésta del siglo XXI; en donde todavía tenemos Oscurantismo…