01 Oct

CRISIS EN EL LÍBANO: ¿REVOLUCIÓN O REFORMA?.

Por: Virginia Nehme R

El primer paso para poder hablar de un tema, es entenderlo. Sobre la crisis actual de Líbano, el articulista Nabeel Khoury expone: ”Según la antigua leyenda fenicia el Líbano muere pero resucita repetidamente de las cenizas”. Esto nos recuerda que históricamente el Líbano ha sido una nación que se ha desarrollado en un ambiente de guerras civiles, invasiones extranjeras, conflictos y discrepancias religiosas. Para comprender la crisis actual del Líbano hay que comenzar por entender su sistema político, siendo multipartidista regido por un marco confesionalista, es decir, que los principales cargos son repartidos, proporcionalmente, entre las comunidades religiosas mayoritarias: cristianos y musulmanes, bajo este sistema, que se remonta al Pacto Nacional de 1943, y que históricamente ha llevado a una formación de gobiernos estancados, fallidos y enfrentamientos violentos, el más prolongado de los cuales fue la guerra civil desde 1975 hasta 1990 que finalizó con el Acuerdo de Taif.

Los problemas inherentes a este sistema crecieron a lo largo de los años en lugar de eliminarse gradualmente.Entre finales de 2016 y diciembre de 2019, Líbano fue gobernado por una alianza del Movimiento Patriótico Libre (FPM), un grupo cristiano fundado por el presidente Michel Aoun, el Movimiento del Futuro, encabezado por el ex primer ministro Saad Hariri, y los dos principales partidos chiítas: el Movimiento Amal, dirigido por el presidente del parlamento Nabih Berri, y Hizbollah, dirigido por su secretario general, Hassan Nasrallah” (Bachar Halabi y Rabih Jamil, 2019).Temporalmente esta alianza puso fin, a la polarización entre un campo alineado con los Estados Unidos y sus aliados europeos y los árabes un episodio histórico conocido como «14 de marzo» en el año 2005.

A partir de ese gobierno conformado con el general Michel Aoun como presidente, la política exterior del país y las políticas económicas dieron un giro y llevaron a la nación a una crisis social y económica que tiene su origen político. Siendo un gobierno militar, su tendencia se ha mostrado izquierdista acercándose más a países como Rusia, Turquía, Siria e Irán y demostrando más cercanía hacia Hezbollah, esto por supuesto, causo un distanciamiento por parte del Líbano de países que históricamente han sido sus aliados, desde Francia, la Unión Europea como bloque e incluso los Estados Unidos que ha tenido una buena relación con los gobiernos libaneses.    

Nabeel Khoury afirma que “La crisis económica en el Líbano no tiene precedentes en sus ochenta años de existencia como Estado moderno”. Desde el 2017 con la caída libre de la economía libanesa, la devaluación de la moneda, y el deterioro de los servicios públicos, ha causado no solo descontento sino también desconfianza del pueblo libanes hacia el gobierno y dieron pie a la ola de manifestaciones populares multitudinarias contra el deterioro de las condiciones de vida, así como contra la corrupción financiera y administrativa, exigiendo reformas políticas radicales. Tras la ola de protestas se logró solo la dimisión del primer ministro sunita Hariri y según afirma el autor Alterman, Jon: “Poco después de que el primer ministro Hassan Diab, asumiera el cargo en enero, la economía ha estado en caída libre, ha estallado una crisis bancaria y la ayuda internacional se ha agotado; una población mayoritariamente de clase media está siendo empujada a la pobreza”.

Durante el año 2019 la crisis se agudizó aún más, Transparencia Internacional clasificó a Líbano en el puesto 137 de 180 países en una matriz de corrupción, y es que la rendición de cuentas, el debido proceso y la conducta profesional de los funcionarios del gobierno se ven comprometidas en todos los niveles por la corrupción, llevando al Líbano al borde de la bancarrota y empobreciendo a gran parte de la población.

La explosión mortal y destructiva del 04 de agosto en el puerto de Beirut, es solo una consecuencia de los altos niveles de corrupción profundamente arraigada a la negligencia criminal evidenciada con este hecho histórico para la nación.  Según el portal oficial Crisis Group expresó en su artículo que ”la explosión fue más que un accidente. La negligencia flagrante, tal vez criminal, y la ineptitud burocrática fueron las causas inmediatas de la explosión que mató a más de 150, hirió a más de 5,000, desplazó hasta 300,000 y causó daños estimados en $2 mil millones a la ciudad”. Ahora el Líbano necesita aún más asistencia humanitaria de emergencia para evitar las peores consecuencias sociales de la implosión económica, pero más allá de eso, los donantes y la cooperación deben enfocarse en apoyar reformas estructurales que ayuden a erradicar la corrupción y el clientelismo en el proceso de crear condiciones que permitan que la economía se reinicie. Mientras que organismos como el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea están considerando ayudar al Líbano a salir de su crisis fiscal estipulando reformas serias, con el objetivo de poner fin a la corrupción.

“El liderazgo político del Líbano aún puede tener la oportunidad de hacer lo correcto e instituir reformas largamente esperadas, como ha exigido el pueblo libanés, y sobre las cuales los donantes internacionales han condicionado un rescate económico” (Crisis Group, 2020). Es decir, la reforma es una de las dos opciones lógicas para salir del caos actual en el Líbano. La segunda es la revolución. Para llevar a cabo una revolución se requiere un liderazgo y una organización fuertes e incluso si se adopta una estrategia no violenta, debe tomarse en cuenta el riesgo de se suscite una violencia prolongada. Mientras que la reforma requiere un acuerdo por parte de la poderosa élite del Líbano para comenzar un nuevo capítulo, desarrollando gradualmente la capacidad de realizar negocios sin corrupción, con nuevos líderes frente al gobierno. Esto posiblemente podría ocurrir sobre la base de perdonar transgresiones pasadas, bajo el consenso en torno a un enfoque de verdad y reconciliación para la justicia transicional.

“Los grupos de protesta han sido principalmente de grupos profesionales o sindicales, como oficiales militares retirados y sindicatos de maestros, grupos regionales, como The Pulse of Nabatiyeh e Hirak Sour of Tire, y organizaciones de la sociedad civil. Solo se han unido partidos políticos menores, como la rama regional del Partido Social Nacionalista Sirio (SSNP) de Nabatiyeh y el Partido Verde” (Nabeel Khoury 2020). Es decir, el potencial revolucionario de los manifestantes sigue siendo mínimo, porque a pesar de que existe unidad dejando a un lado las creencias religiosas en la sociedad civil, sigue existiendo la falta de unidad en torno a una visión única y compromiso por parte de los partidos políticos principales y  ausencia de una estrategia general. Mientras que por otro lado, los partidos de base sectaria conservan un número suficiente de seguidores como para frustrar cualquier movimiento de importancia que amenace su base de poder.

Por otro lado, para llevar a cabo una reforma debemos recordar el Acuerdo de Taif, que incluyó sugerencias de reforma legislativa, financiera y sectaria estableciendo el equilibrio sectario entre cristianos y musulmanes en los cargos público, este se cambió de una fórmula 6: 5 a favor de la representación cristiana a una fórmula 6: 6 más equitativa, reduciendo los poderes de la presidencia para ser iguales a los del primer ministro. Dicho sistema ha fracasado,  ya que la representación sectaria ahoga al gobierno cuando no hay consenso, también otorga el poder de patrocinio a los partidos de base sectaria y, por lo tanto, solidifica su control del poder. Es por ello que el pueblo libanes exige un Estado Laico, incluso antes del pronunciamiento del presidente Michel Aoun que manifestó “Para que el primero de septiembre de 2020 sea una culminación del primero de septiembre de 1920, y porque estoy convencido de que solo un Estado laico es capaz de proteger el pluralismo, de transformarlo en una unidad real, pido que el Líbano sea declarado Estado laico”.

Además, Nasrallah líder chiita representante de Hezbollah en Líbano expresó estar dispuesto a debatir para llegar a un nuevo “pacto político” y a la distribución de poderes, lo que supone que esas negociaciones requerirían tiempo, humildad y habilidad; pero también requerirían empatía y comprensión para evitar una nueva guerra civil que beneficiaria solo a los principales grupos sectarios a mantenerse en el poder, causando mayor inestabilidad en la región desde focos de violencia, hasta una fuerte ola de migrantes y refugiados. Todo eso, mientras la nación continúa sumergida en una crisis sin precedentes con cuatro pilares que marcan el derrumbe del Líbano: la crisis económica, la crisis del Covid-19; la que desató las explosión en el puerto de Beirut; la infinita crisis política. Es tiempo de cambiar el sistema libanés, para gestionar mejor las políticas, basándose en la ciudadanía y en un Estado laico, ya que los derechos comunitarios y los cupos que regían hasta ahora, hoy son un obstáculo para el progreso, las reformas y la lucha contra la corrupción. 

Podemos afirmar entonces que el actual gobierno libanés, o cualquier gobierno que pueda seguirlo, si quiere evitar un mayor numero de calamidades hacia el pueblo libanés o una revolución que genere una violencia prolongada, tendrá que llevar a cabo una reforma estructural e institucional sustancial para volver a asentar el sistema fiscal y económico del país, estableciendo estándares de responsabilidad y gobernanza que son exigidos por los donantes extranjeros y las instituciones financieras, deberá tomar en serio la lucha contra la corrupción de aquellos lideres que se apropian y redistribuyen los recursos estatales y los bienes públicos. Sin embargo, para tener éxito, dicho cambio estructural deberá poner fin al modelo político actual.

A corto plazo es imperante la formación de un nuevo Gobierno que pueda tratar con el FMI y otros países donantes para obtener préstamos, ya que es urgente encontrar soluciones rápidas para los ciudadanos libaneses. Esto incluye el apoyo al sector eléctrico, que constituye el mayor déficit del presupuesto del Gobierno. Por otra parte, la segunda solución a largo plazo es establecer un nuevo sistema libanés que establezca un Estado civil lejos de las cuotas sectarias y políticas.

Bibliografía:

Alterman, J. (2020). Por qué Estados Unidos y sus aliados deberían evitar que el Líbano se desmorone. Disponible en: https://www.csis.org/analysis/middle-east-notes-and-comment-why-us-and-its-allies-should-keep-lebanon-blowing-apart

Crisis Group. (2020) The Beirut Blast: An Accident in Name Only. Disponible en:

https://www.crisisgroup.org/middle-east-north-africa/eastern-mediterranean/lebanon/beirut-blast-accident-name-only

Nabeel Khoury. (2020). Para el Líbano, la única salida es la revolución o la reforma. Disponible en: https://www.atlanticcouncil.org/blogs/menasource/for-lebanon-the-only-way-out-is-either-revolution-or-reform/

Transparencia Internacional. (2019) Índice de percepción de corrupción en Líbano. Disponible en: https://www.transparency.org/en/countries/lebanon#

Bachar Halabi y Rabih Jamil. (2019) Lebanon: From the 1984 Intifada to the 3rd Republic. Disponible en: https://www.ispionline.it/en/pubblicazione/lebanon-1984-intifada-3rd-republic-22402