17 Mar

Por: Carlos Torres White

Una teoría es aquella formulación de conceptos y de relaciones que explican las causas, los procesos y las consecuencias de un fenómeno. Las Relaciones Internacionales parten de este punto, queriendo explicar el fenómeno de la guerra y de la cooperación en el sistema global. Sin embargo, las formulaciones que se han hecho al respecto, inclusive en nuestros días, no han llegado a explicar de manera holística y de modo completamente predecible la forma de actuar de los Estados y de la comunidad internacional. Por lo tanto, pese a que nos ayudan a tener una idea y a entender las conductas de los países, las teorías internacionales no pueden ser tomadas como verdaderas o como falsas por completo ni puede una sola de ellas explicar la totalidad de interacciones en nuestro mundo globalizado.

 La teoría de las Relaciones Internacionales, a pesar de tener sus orígenes en pensadores como Tucídides, Kant o Maquiavelo, nace a partir de la Primera Guerra Mundial, debido a la incapacidad del Derecho Internacional, la historia diplomática y la teoría política de explicar las relaciones de poder entre potencias. Así, teóricos ingleses y estadounidenses, principalmente, empezaron a formalizar el estudio de la materia y generaron la teoría liberal. El periodo entre guerras se vio marcado por una constante preocupación de responder a las interrogantes: ¿Por qué ocurre la guerra? ¿Por qué cooperar? Si algo había dejado la guerra, era la noción de que los altos costos de la guerra imposibilitaban que un país alcanzara sus objetivos por medio de ella. Sin embargo, una verdadera cooperación entre países aún parecía improbable.

 El ascenso de gobiernos autoritarios y de corte fascista en la década de 1930 hizo que algunas fallas del sistema idealista liberal salieran a relucir, puesto que no podían explicar las nuevas tendencias y las posiciones agresivas de países como Italia en Etiopía, Japón en el este asiático o la España franquista. En consecuencia surgió el realismo, la teoría antagónica al liberalismo que explica las relaciones internacionales a partir de una idea de suma cero del poder. Esto se vio potencializado con la publicación de “Politics Among Nations” de Hans Morgenthau y su alta popularidad en Estados Unidos, resultando en el Primer Gran Debate entre los enfoques realistas y liberalistas.

El desencadenamiento de la Guerra Fría llevó a que los realistas dominaran la disciplina durante las décadas de 1950 y de 1960. Durante este periodo el continuo progreso de la cuantificación de fenómenos y de variables en la disciplina, sobre todo por los teóricos estadounidenses, y su contraposición, el análisis histórico y cualitativo de los europeos, generó el Segundo Gran Debate de las Relaciones Internacionales.

Con el relajamiento de las tensiones entre la Unión Soviética y Estados Unidos con el détente de la década de 1970, tanto el liberalismo como el realismo necesitaron renovarse. Ambas teorías, enfocadas sobre todo al Estado, tuvieron que generar cambios para poder explicar el surgimiento de nuevos actores como las organizaciones internacionales y las nuevas dinámicas de poder. De este modo, el liberalismo tuvo que mutar hacia un enfoque más trasnacionalista con teorías como la de interdependencia o el neoliberalismo. De igual manera, la visión realista tuvo que transformarse, de manera que nació el neorrealismo con las teorías de Kenneth Waltz.

El neorrealismo y el neoliberalismo trajeron consigo varios nuevos puntos de fricción entre ambos enfoques, dando lugar al Tercer Gran Debate. Con el reavivamiento de las tensiones entre la Unión Soviética y Estados Unidos, el neorrealismo dominó la disciplina durante los primeros años. Sin embargo, con la caída de la Unión Soviética a finales del siglo XX, el neoliberalismo recobró su importancia. Hoy, pese a que el neorrealismo y el neoliberalismo siguen siendo enfoques clave para entender las relaciones internacionales, también han surgido una amplia gama de otras teorías para explicar los complicados y siempre cambiantes nuevos fenómenos del siglo XXI.

 

Niveles de análisis

 En el estudio de las Relaciones Internacionales y al momento de querer determinar por qué ocurre la guerra, resulta muy útil hacer una distinción de las causas en tres “imágenes”, como lo sugiere Kenneth Waltz. La primera imagen se enfoca en la naturaleza humana y en cómo ésta determina el comportamiento de las sociedades. Existe un conflicto entre liberalismo y realismo al respecto, puesto que opinan diferente acerca de los orígenes del hombre. Los realistas asumen que el humano es egoísta y racional por naturaleza y que por lo tanto, tiene inherentemente la capacidad de hacer el mal y no puede cambiar este atributo puesto que es parte de él. En el estado de naturaleza, el hombre vive en la anarquía hobbesiana en un continuo estado de guerra regido por la supervivencia del más fuerte. Por su parte, el liberalismo no atribuye la maldad a la naturaleza humana. El humano, bajo esta perspectiva, está dispuesto a la cooperación y vive en una anarquía lockeana. Por ende, dada la racionalidad inherente al ser humano, con suficiente información y con una correcta educación se pueden revertir las tendencias hacia el mal del ser humano, según los liebrales.

 La segunda imagen se enfoca en el Estado y cómo determina sus acciones. Para los realistas, el Estado es la unidad básica y unitaria. Los Estados, como jugadores principales en el sistema internacional, son racionales y buscan maximizar su seguridad en un ansia de supervivencia. El poder es un punto central en esta teoría puesto que mediante este los Estados consiguen ampliar su influencia y afianzar su lugar dentro del sistema. Para los liberales, el Estado no es unitario sino plural, y por lo tanto la democracia resulta necesaria para asegurar la conversión de los intereses particulares en interés general. La dinámica y el contacto entre los individuos y el gobierno se hacen por medio de instituciones que aseguran las libertades necesarias para el bienestar y el desarrollo.

 La tercera imagen se basa en el sistema internacional, que está conformado por las interacciones entre los Estados. Para el realismo, la característica de la anarquía hobbesiana aplica también para el nivel macro. Los Estados, al no existir ninguna autoridad supranacional y queriendo maximizar su seguridad, se encuentran en una continua competencia de acumulación de poder militar para poder asegurar su supervivencia. Esto a su vez desata inseguridad en los otros, lo que es conocido como el dilema de seguridad. En cambio, los liberales piensan que la anarquía del sistema internacional es lockeana. La cooperación, desde esta perspectiva, es posible dadas las ventajas comparativas de cada país. Por lo tanto, la cooperación y la interacción entre países mediante el comercio o la participación en organismos internacionales, no solo resulta factible sino benéfica para combatir problemas que requieran acción colectiva.

 Los tres niveles de análisis de las Relaciones Internacionales resultan útiles al momento de analizar los problemas que nos aquejan hoy en día como comunidad global. Sin embargo, su división obstaculiza nuestra comprensión de las interconexiones y las dinámicas que existen entre el individuo, el Estado y el sistema. De igual manera, pese a darnos una visión amplia de los actores que participan en la toma de decisiones, los tres niveles de análisis dejan afuera otros factores que intervienen en la densidad de contactos globales que hoy gozamos, como el papel de la cultura o de la religión.

 

 Enfoques clásicos: realismo y liberalismo

 El realismo clásico tiene un enfoque totalmente histórico pues está basado en las ideas de pensadores antiguos como Tucídides, Hobbes, Maquiavelo, Rousseau, Hegel, Weber, Spinoza y San Agustín. En esta teoría, la constante que podemos encontrar en el sistema internacional es el conflicto. Por lo tanto, la guerra puede ser descrita como la base del sistema y es explicada a partir de dos fenómenos: la maldad inherente a la naturaleza humana y el sistema anárquico internacional.

 Los individuos y los Estados, replicando la conducta individual, viven en un eterno competir con sus iguales en búsqueda de su propia supervivencia, tratando siempre de maximizar su poder para alcanzar sus objetivos. Sin embargo, aunque esto es solucionado a nivel individual por el Estado que funge como institución reguladora. Al no haber una autoridad supranacional, los Estadviven en un sistema anárquico de naturaleza hobbeseana. Bajo esta perspectiva, los Estados no pueden confiar en ninguno otro y tienen un comportamiento agresivo. La condición que se genera es la de auto ayuda, donde los Estados solo buscan su beneficio en la lógica de suma cero, es decir que la ganancia para uno significa pérdida para otro debido a que pone en riesgo su supervivencia. La cooperación verdadera en tales condiciones resulta imposible, de modo que para evitar su extinción, los Estados únicamente forman una serie de alianzas y de coaliciones variables en la búsqueda de un equilibrio de poder a nivel interestatal.

 El liberalismo clásico tiene su origen en la Ilustración y en teorías de pensadores como Adam Smith, Emmanuel Kant o John Locke. Para esta teoría, la racionalidad y la libertad le son inherentes a la naturaleza humana. Y pese a que el individuo siempre busca sus propios intereses, por medio de la correcta regulación de instituciones, la cooperación es posible. Los Estados, de esta manera, viven en una anarquía lockeana con una lógica de suma positiva, donde las ganancias compartidas son posibles.

 El liberalismo tiene dos vertientes: el modelo del Estado de bienestar y el del laissez-faire, que difieren en la intervención del Estado en la economía. Mientras que el primero indica que el Estado debe de asegurar un mínimo de condiciones de subsistencia, el segundo argumenta que la participación estatal es una externalidad negativa. El modelo de laissez faire se basa en la teoría ricardiana donde gracias a las ventajas competititvas de los países, el mercado internacional se autoregula y por ende, la regulación resulta un objetivo para la eficiencia.

Finalmente, bajo la lógica liberal, la democracia resulta vital para el bienestar colectivo. Emmanuel Kant y su teoría de la paz democrática establecen que es mediante los sistemas políticos democráticos que se podrá llegar a la paz perpetua, en el supuesto que dados los altos costos de la guerra y la racionalidad humana, un país democrático no entrará en guerra con otro.

De manera antagónica, el realismo y el liberalismo son las teorías más antiguas de las Relaciones Internacionales. Pese a diferir en distintos puntos y considerarse como contrarias, no hay que perder de vista que estas teorías explican diferentes fenómenos, el realismo enfocado al conflicto y el liberalismo a la cooperación, por lo que ninguna de las dos puede ser tomada como totalmente inválida.

 

 La fase contemporánea

Durante el periodo de la Guerra Fría, los dos enfoques tradicionales de las Relaciones Internacionales, el realismo y el liberalismo, se tuvieron que transformar para poder explicar los cambios que se estaban presenciado en el sistema. El liberalismo contemporáneo argumenta que la guerra no es inevitable, sino que puede ser controlada a partir del establecimiento de instituciones y normativas regulatorias para los Estados. D. Mitrany, principal teórico de la primera vertiente cronológica del liberalismo contemporáneo, el funcionalismo, indica que los conflictos son ocasionados por problemas técnicos internos del Estado. Dada la incapacidad del Estado de responder a las necesidades de la sociedad, la presencia de agencias internacionales especializadas es vital para evitar entrar en conflictos.

 Para el funcionalismo, la integración mundial basada en el comercio y en la cooperación es la solución a los efectos desgarradores de la década de 1940. El neo funcionalismo retoma estos puntos pero, ante la falta de vías para una integración mundial y la inviabilidad de una verdadera cooperación internacional, argumentan que esta cooperación se debe de dar a nivel regional para aumentar la interconexión entre países y de esta manera disminuir la posibilidad de una guerra. J. Ruggie, por su parte, teoriza acerca de los regímenes, argumentando que el mundo funciona por medio de reglas e instituciones.

 Por su parte, los académicos del realismo contemporáneo, sobre todo a partir del fracaso de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam, comenzaron a preguntarse por la distribución del poder y los cambios en el poder del hegemón. De este modo surgieron dos teorías que ayudan a comprender los cambios en el sistema internacional: la teoría de transición de poder y la teoría del ciclo de poder. En el realismo contemporáneo, la supervivencia del Estado sigue siendo la condición esencial de su comportamiento y por lo tanto fungen como maximizadores de seguridad en el sistema internacional.

La teoría de transición explica que, si bien el hegemón normalmente tiene poder e influencia sobre el sistema, estos dos no deben necesariamente coincidir. Con la presencia de otros países con influencia, puede haber una guerra hegemónica por la lucha del poder mundial. Por ejemplo, a principios del siglo XX, con el claro declive de la pax britannica y de su lugar como hegemón, otros países que tenían una fuerte presencia empezaron a tener fuertes fricciones para afianzar su lugar dentro del sistema, desembocando en la Gran Guerra. Por su parte, la teoría del ciclo de poder señala que, al igual que con los negocios, los países tienen un ascenso y un descenso temporal. Partiendo del popular efecto Buddenbrooks, esta teoría que explica que el efecto de la tercera generación y las crecientes demandas sociales por un nivel de vida disminuyen los ingresos del Estado y por lo tanto aumentan sus costos, llevando a un país al declive. Ambas teorías, si bien explican de manera más comprensiva la dinámica interestatal, no llegaron a explicar los cambios que se suscitarían en la década de 1990, por lo que han sido reemplazadas por sus versiones más modernas: el neoliberalismo y el realismo neoclásico.

 

El debate neo-neo

 El neorrealismo parte de una nueva concepción científica, que se asimila así misma como una teoría objetiva, deductiva, abstractiva y predictiva, que busca apartarse del realismo y del “Behavioralism”. Para entender el neorrealismo, Kenneth Waltz es vital pues intenta dar un giro a la disciplina por medio de la cuantificación y estandarización de procesos. La teoría neorrealista se basa en la anarquía del sistema y se enfoca en el tercer nivel de análisis. Dentro de esta situación internacional, los Estados, dado su inalienable deseo de supervivencia, se alinean de manera automática para generar un equilibrio entre potencias.

 El realismo neoclásico retoma algunos de estos puntos como la anarquía inherente al sistema. Sin embargo, esta vertiente no considera que los Estados estén ávidos de maximizar su seguridad, sino que considera que el Estado busca reducir las incógnitas para que, por medio de esta estabilidad, reduzca la anarquía en la que vive. Para tal objetivo, los Estados activamente, en lugar de automáticamente, buscan llegar al equilibrio de poder. De igual manera, el realismo neoclásico no deja al segundo nivel de análisis como una caja negra, sino que toma dentro del sistema a las complejas relaciones sociedad-Estado. El poder de este Estado depende hasta cierto punto de su capacidad de transformar recursos en poder real y en controlar y unificar a su población.

 Por su parte, la teoría de interdependencia liberal señala que el orden del sistema es alcanzable por medio de regímenes diseñados por el hegemón que marcan las reglas del juego a nivel internacional. Las instituciones bajo esta óptica no son meras herramientas que responden a problemas de acción colectiva, sino que son mecanismos regulativos y constitutivos que moldean el actuar de los Estados a nivel macro.

El neoliberalismo institucional retoma esta noción, y señala la importancia de las instituciones en la resolución de conflictos. Al igual que el realismo, el neoliberalismo considera que el Estado es utilitario y racional. Por lo tanto, retoma la perspectiva económica clásica liberal donde los países interactúan buscando maximizar su utilidad individual pero al cooperar obtienen beneficios compartidos en una idea de suma positiva. Las principales ventajas que se derivan de la interacción son la transparencia, la información compartida, la reciprocidad, la reducción en costos de transacción y la reducción de posibilidad de conflicto.

 Finalmente, John Ikenberry presenta en estos términos la teoría liberal hegemónica. En esta teoría, también conocida como hegemonía benigna, la superpotencia establece una serie de regímenes que regulan el actuar internacional. Sin embargo, al establecerlos autorregula también su comportamiento de modo que se comporta de manera benigna. El hegemón debe de proveer de seguridad y asistencia para conservar su posición, y según esta teoría, los demás Estados se alinearán a sus intereses puesto que prefieren este tipo de control que una continua lucha para llegar al balance de poder.

 Ante la poca fiabilidad de las teorías para poder predecir y explicar los comportamientos estatales y los eventos del mundo actual, una serie de teorías alternativas han surgido. Sin embargo, tenerlas presentes y realizar un análisis desde cada perspectiva, incluyendo las tradicionales, nos ayuda a comprender mejor el actual sistema internacional.

Fuente: https://www.facebook.com/notes/foreign-affairs-latinoam%C3%A9rica/las-teor%C3%ADas-tradicionales-de-las-relaciones-internacionales/1201598473221188