16 Sep

Para comprender los eventos de los últimos años en Medio Oriente y los mortíferos ataques terroristas en Europa, es necesario recordar que la situación en Medio Oriente comenzó a desestabilizarse a partir de la invasión de Irak por parte de EEUU en 2003. Esa guerra fue violatoria de todas las leyes del derecho internacional, destruyendo de facto una soberanía nacional, amenazando, haciendo uso de la fuerza y minando la autodeterminación de los pueblos, en Irak. Algo que ha sido reconocido en la actualidad por la comunidad internacional. Pero el enorme daño, que tardará décadas en ser reparado y que ha traído muerte y destrucción a varias naciones de mayoría musulmana, ya está hecho y materializado.

 

Aunque en un comienzo la administración del expresidente George W. Bush esgrimió que Saddam Hussein tenía vínculos con Al-Qaeda, como excusa para la invasión, quedó comprobado que esto no era posible, porque Saddam era considerado como un apóstata y traidor a los musulmanes por sus convicciones políticas. Así, no era compatible el baathismo o baazismo con el fundamentalismo religioso del Islam. Pero más allá de la incompatibilidad de los discursos, en el terreno práctico político, diplomático y militar, el baathismo en Medio Oriente y la presencia de una potencia regional como Irak en un área profundamente influenciada por las doctrinas y dogmas religiosos musulmanes, actuaba como un regulador y freno de la diseminación del terrorismo islámico en la región y en el mundo, garantizando así la estabilidad. Lo cual ha quedado comprobado tras el derrocamiento del orden regional en el cual Irak era un participante clave.

 

Desde luego, estaba en confrontación con la vertiente siria del baathismo pero esa era una rivalidad secundaria frente a la realidad que convoca la escritura de éste artículo, que es el nacimiento, fortalecimiento y dominio del Estado Islámico (Daesh) en vastas regiones de Siria e Irak. El segundo elemento que se debe tener en cuenta es la división sectaria entre chiítas y sunitas en Irak, la cual marca la dinámica de nacimiento y fortalecimiento del grupo terrorista, en las regiones sunitas que quedaron aisladas del poder, una vez EEUU socavó el régimen de Saddam Hussein y asumió un consejo liderado por los chiítas, excluidos del gobierno por décadas, algo que el colectivo sunita no pudo tolerar y significó su alineamiento y adopción de los postulados del nuevo grupo beligerante, terrorista y salafista.

 

El tercer aspecto a tener en cuenta lo constituye la presencia de Al- Qaeda en Irak, posterior a la guerra con EEUU y la muerte de Saddam Hussein. Puesto que Al-Qaeda declararó que Irak era otro teatro de operaciones de la Yihad o “guerra santa”. Entonces se configura un escenario, en el cual hay un país con poder relativo, completamente desestabilizado y fragmentado por las luchas intestinas, la enajenación de la soberanía por una potencia mundial, la exclusión del poder de un segmento importante de la población y la presencia de tendencias religiosas fundamentalistas llevadas a la práctica por violentos grupos radicales, como lo fue en ese momento Al-Qaeda. Además, con la invasión, las fuerzas armadas fueron reestructuradas y muchos oficiales sunitas quedaron excluidos, lo cual fue caldo de cultivo para engrosar las filas del nuevo grupo radical que se escindió de Al-Qaeda y que pasó a denominarse Daesh (sigla de: Estado Islámico de Irak y los países del levante), sin contar que como siempre en los conflictos internos, el olvido estatal, la ausencia de servicios públicos y condiciones socioeconómicas adversas, son catalizadores de dinámicas de violencia, como las que vive Irak desde 2003 y que parecen llegar a término al menos en un plano de confrontación militar regular.

 

La presencia de Al-Qaeda quedó minada en el mundo musulmán por la muerte de su representante en Irak Al-Zarqawi a manos de los norteamericanos hace varios años y por la muerte de Osama Bin Laden por parte de un comando estadounidense en Pakistán en el 2011. Tras estos golpes a la estructura del salafismo internacional, hubo un reagrupamiento de fuerzas y captación de diferentes líderes con formación militar, en el nuevo grupo islámico radical militante, además del reclutamiento de voluntarios a lo largo del mundo musulmán e incluso en Europa y EEUU.

De esta manera, con un nuevo grupo insurgente adoctrinado fuertemente en la versión más conservadora del Islam, entrenado en brutales tácticas de violencia y motivado por el deseo de establecer un orden alternativo en el mundo musulmán, quedaba conformado un ejército de fanáticos religiosos que con cuadros de mando entrenados, con pocos recursos humanos, campañas relámpago y violencia extrema lograron a partir de 2012 hacerse a grandes porciones de territorio en Siria e Irak.

 

Pero esta historia ha tenido un catalizador externo que ha sido la presencia de servicios de inteligencia occidentales que, al menos inicialmente, entrenaron y equiparon a este grupo por la necesidad geoestratégica de cambiar el orden regional, para que fuera favorable a EEUU y las potencias de Europa occidental de manera que, según previsiones de analistas, se pueda garantizar el flujo libre de petróleo en condiciones más que favorables para Occidente por los próximos 100 años. Además, en esta receta altamente explosiva y desafortunada para los pueblos de Irak y Siria, están presentes los intereses de potencias regionales que financiaron y apoyaron activamente la creación de este grupo terrorista como Arabia Saudita, Turquía, Qatar, Emiratos Árabes Unidos e incluso Israel, quienes con sus amplias chequeras de petrodólares suministraron un flujo de capital que sirvió de apoyo para materializar la construcción de este grupo violento.

 

Se ha hecho este recuento de la historia del Estado Islámico porque es necesario comprender sus orígenes, el contexto, los participantes y los intereses en juego que definieron su nacimiento, expansión y dominio, en estos países de Oriente Medio. Este grupo capturó en Irak ciudades importantes como Tikrit, Falujjah y la segunda ciudad en importancia del país en donde se presume acabará su dominio territorial: Mosul. Esta ciudad del norte de Irak es estratégica por razones políticas, económicas y militares y por eso la importancia de retomarla a cualquier costo, como efectivamente ocurrió en el mes de julio del presente año, luego de tres años de dominación y de haber sido el lugar del anuncio de la creación de un Califato por parte de su líder Abu Bakr Al-Bagdadi en la gran mezquita de Al-Nuri en el centro histórico de la ciudad.

 

Por supuesto, esta situación desestabilizó completamente al gobierno iraquí ya que arrebató completamente el control y la soberanía de grandes porciones del norte y oeste del país. De ahí, que desde un comienzo se comenzara una campaña de recuperación de dichos territorios con sumo cuidado porque esta situación podría desbordarse y significar el fracaso de la viabilidad del Estado iraquí. Entonces las fuerzas armadas iraquís, apoyadas por una coalición encabezada por EEUU -en las fases finales de la campaña- la policía federal iraquí, las unidades de movilización popular, los peshmergas del Kurdistán iraquí y milicias paramilitares apoyadas por Irán, emprendieron el largo y costoso camino (en vidas y recursos) hacia la retoma del país por el gobierno nacional, desde 2015 aunque más exactamente comenzó la campaña de Mosul en octubre de 2016.

 

El Estado Islámico al tomar control de las zonas donde impuso su dominio, desde luego cometió abusos, violencia brutal e implantó con mano de hierro la sharia o ley islámica, una desviación de los postulados del Corán, llevándolos a extremos irracionales y más doctrinales que de inspiración espiritual. Desde luego usaron a las personas como escudos humanos para evitar bombardeos aire-tierra y tierra-tierra que los sofocaban, lo cual significó la pérdida de miles de vidas de civiles inocentes y el desplazamiento de millones más, a causa de esta situación atípica de violencia que envolvió a Siria e Irak en los últimos tres años. Entonces, mientras en Siria el gobierno de Assad recuperaba los territorios del este y las reservas petroleras, en Irak se desenvolvía una campaña terrestre desgastante para retomar uno a uno los territorios perdidos.

 

Mosul, aparte de su importancia, es la culminación de las grandes operaciones de combate en campaña regular para dar paso a una operación “rastrillo” y de limpieza de focos de resistencia y explosivos dejados por doquier. Según versiones de periodistas, muchos milicianos del Estado Islámico escaparon de las ciudades debido al avance del ejército iraquí a partir de octubre de 2016 cuando fue lanzada la operación “resolución inherente” y muchos otros que se batían en retirada fueron ejecutados. Se presume que Al-Bagdadi murió pero no se ha podido comprobar su deceso y quedan algunos combatientes en focos de resistencia en la ciudad antigua de Mosul, según versiones consultadas, la mayoría extranjeros, que según la agencia de noticias del grupo, combatirán hasta lograr la victoria o el martirio.

 

Con esto termina este nuevo capítulo de guerra y destrucción en este influyente país de Medio Oriente, no sólo para la región, sino para el mundo, puesto que fue allí donde surgió la civilización humana. Ahora lo más probable es que el Estado Islámico se atomice, opere bajo la modalidad de lobos solitarios, actos terroristas, inmolación, y que emprenda una guerra de guerrillas en el desierto que seguirá amenazando las vidas y el futuro de Irak. Desde luego esta situación, semejante a la que se vive en Europa occidental y en EEUU requerirá ingentes esfuerzos en inteligencia, contrainteligencia y accionar policial para garantizar la preservación de las vidas de ciudadanos inocentes, amenazados por las crueles tácticas del terrorismo islámico. Se va a atomizar la lucha, lo cual significa que no se acaba la confrontación sino que se adaptará a escenarios más difusos con operaciones en territorios enemigos (Europa y EE.UU.) y la generación de la mayor cantidad de exposición en los medios, para difundir sus objetivos y generar el mayor impacto político, económico y psicológico. Es necesario comprender que la campaña y reconquista de Mosul se inscribe en un fenómeno socio-político y cultural de la región del Medio Oriente y del mundo musulmán más amplio, en donde se deben tener en cuenta sus orígenes y sus proyecciones puesto que la distorsión religiosa, política, cultural, social e incluso de operación de redes, inteligencia y contrainteligencia no finaliza con este importante golpe a la estructura del Estado Islámico (Daesh).

Por tanto, y como lo sostenía una fuente consultada, se ganó la guerra pero ahora es necesario ganar la paz y eso significa justicia, equidad, desarrollo y prosperidad, algo mucho más difícil. Tan sólo en Mosul se calcula que se necesitará una década y 1000 millones de dólares tratar de ponerla en pie, empezando por la gran mezquita de Al Nuri que fue dinamitada por los radicales en su huida. Además habrá que garantizar el retorno de al menos 1.5 millones de desplazados, suministrarles los servicios básicos y empezar la ardua tarea de la reconstrucción. Por tanto, sí, es verdad, el  proyecto territorial y auge del Estado Islámico termina con las tomas por parte de fuerzas gubernamentales de Mosul en Irak y Raqqa en Siria, pero las doctrinas salafistas y la yihad están lejos de terminar y pueden significar la adaptación a las nuevas condiciones de confrontación con el enemigo interno (gobiernos) y el externo (occidente). Entonces será un trabajo político, económico y social de inclusión de todos los pueblos, lo que garantizará la finalización y superación de este esquema de violencia en Medio Oriente y especialmente en los destinos de Siria e Irak, que parecen ser comunes por el momento.