26 Abr

por Haylyn Andrea Hernández Fernández, Analista de Inteligencia AIG.

El conflicto armado que ha vivido Colombia por más de 50 años no solo ha puesto en jaque las capacidades del Estado para sortear las amenazas conexas a los grupos ilegales, sino que paralelamente le ha dado la oportunidad de adquirir experiencia en cuanto a negociaciones se refiere. Al país no solo se le atribuye tener la insurrección armada más antigua del continente, también es el que posee más experiencia en procesos de paz. Por ejemplo, con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo -FARC-EP- se hicieron cuatro negociaciones (Torres, 2016), incluida la última con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos.

Desde 1981, Colombia ha negociado siete Acuerdos de paz de los cuales se falló seis veces. Este récord permitió aprender de las lecciones de los antecesores, así que gran parte del éxito del Acuerdo de paz con las FARC-EP, firmado el 24 de noviembre de 2016, se debe a una construcción histórica más no personal; aun así, si bien es un avance significativo esto no supone el fin del conflicto.

Esta apreciación se hace con base en el actual escenario en donde muchas veces se habla de un postconflicto, sin embargo, este término resulta demasiado amplio para describir la situación por la cual atraviesa el país. Es bien conocido que las FARC, como grupo guerrillero, no son el único grupo criminal, de tal manera que hablar del fin del conflicto o del postconflicto resulta demasiado ambicioso para la coyuntura que se está atravesando, se estaría cayendo en la falacia de subestimar o ignorar la existencia e influencia de los Grupos Delictivos Organizados -GDO- y Grupos Armados Organizados -GAO- (definidos y clasificados de acuerdo con la Directiva 015 de 2016), presentes en el territorio nacional.

Uno de los principales riesgos en las fases de la negociación y la implementación de los Acuerdos, es el surgimiento de las disidencias, ya que es muy difícil asegurar que la totalidad del grupo armado haga la transición a la legalidad. En consecuencia, la presencia de las disidencias representa una amenaza para la seguridad en ámbitos urbanos y rurales, ya que existe la posibilidad que se realicen acciones criminales y actividades ilícitas, además pueden llegar a influir negativamente en la implementación de los Acuerdos de paz.

Esta problemática ya se ha presentado en el país con las Autodefensas Unidas de Colombia -AUC-, ya que tras su desmovilización aparecieron diversos grupos criminales organizados, lo que influyó para que la Policía Nacional acuñara el término de Bandas Criminales para referirse a estos éstos. Otro caso es el del Ejército Popular de Liberación -EPL-, denominados ´Los Pelusos´ por la Fuerza Pública, considerados un GAO dedicado exclusivamente al narcotráfico.

El surgimiento y la evolución de las disidencias no obedece a un factor específico, ya que confluyen variables tanto internas como externas, si bien se habla de un solo cuerpo armado que persiguen objetivos comunes, finalmente están conformados por diferentes individuos con intereses distintos (Álvarez Vanegas, Pardo Calderón, & Cajiao, 2018, p. 17). Claramente estos intereses, en la mayoría de las ocasiones, obedecen a motivaciones económicas, ya que al no estar presente la gran estructura, los miembros residuales que no estén de acuerdo con las negociaciones pueden apropiarse de las rentas criminales como el narcotráfico y la minería ilegal, obteniendo mayores réditos.

El fenómeno de la disidencia de las FARC empezó cuando una parte del Frente 1 o Armando Ríos, una de las estructuras históricas y representativas cuyos orígenes se remontan a 1965, hizo público un comunicado en el que aseguraban que no estaban dispuestos a entregar las armas y desmovilizarse, afirmaron lo siguiente:

Hemos decidido no desmovilizarnos, continuaremos la lucha por la toma del poder por el pueblo y para el pueblo. Independientemente de la decisión que tome el resto de integrantes de la organización guerrillera. Respetamos la decisión de quienes desistan de la lucha armada, dejen las armas y se reincorporen a la vida civil, no los consideramos nuestros enemigos. (Frente Primero Armando Ríos, 2016, p. 3)

Las reacciones en su momento no se hicieron esperar, por un lado, el presidente Santos aseguró que si no se sumaban al proceso serían perseguidos por el Ejército, mientras que el Estado Mayor Central afirmó que los mandos y combatientes del Frente debían declararse al margen de la Dirección por tener intereses opuestos a la terminación del conflicto, “Si los mandos y combatientes involucrados tienen el deseo de lanzarse a una aventura incierta, les corresponde hacerlo tomando un nombre distinto al de las verdaderas estructuras de las FARC-EP” (Estado Mayor del Bloque Comandante Jorge Briceño de las FARC-EP, 2016).

En consecuencia, expulsaron a cinco mandos que desafiaron la unidad de la organización, entre los que se destaca Miguel Botache Santillana alias “Gentil Duarte”, a quien habían enviado para intentar poner orden. Duarte junto a Néstor Gregorio Fernández, alias “Iván Mordisco” y Géner García Molina, alias “Jhon 40” son los principales comandantes. Su área de influencia está ubicada en los departamentos de Guaviare, Vaupés, Meta y Vichada, donde controla las rutas de narcotráfico establecidas en las selvas de Guaviare y que llegan hasta Brasil y Venezuela (Kjelstad, 2018).

De acuerdo con el último informe de la Fundación Ideas para la Paz, de un solo grupo (Frente 1) se ha pasado a entre 16 y 18 estructuras, las cuales agruparían aproximadamente a 1.200 integrantes con algún tipo de presencia en diferentes zonas de 13 departamentos (2018, p. 17). También se destaca que las cifras no concuerdan con las que proporciona el Gobierno Nacional ya que el vicepresidente, Oscar Naranjo, afirmó que el 6% de las FARC migró a las disidencias y el comandante de las Fuerzas Militares, general Alberto Mejía, aseguró que corresponde a un 15%, aproximadamente 1.200 miembros, por su parte el ministro de defensa, Luis Carlos Villegas, habla de 1.100 milicianos. Esto lo único que evidencia es que se trata de un fenómeno difuso y complejo del cual no parece haber claridad, por lo menos, en cuanto al número de integrantes que lo conforman.

Tabla 1.

Disidencias confirmadas de las FARC por región de influencia.

Estructuras confirmadas Región de influencia/operación
Frente 1 Meta, Guaviare, Vaupés, Vichada, Caquetá
Frente 7 Sur de Meta, Caquetá
Frente 10 Arauca
Frentes 14 y 15 Caquetá
Frente 16 Vichada, Casanare, Arauca
Frente 36 Antioquia
Frente 40 Meta
Frente 48 Putumayo
Frente 62 Meta
Frente Acacio Medina Guainía, Vichada (frontera con Venezuela)
Frente Oliver Sinisterra o Guerrillas Unidas del Sur (integrada por exmiembros del frente 29, la columna móvil Daniel Aldana y la columna móvil Mariscal Sucre) Nariño y Ecuador
Resistencia Campesina y Los de Sabalo
(integrados por exmiembros del Frente

29 y la Columna Móvil Mariscal Sucre)

Nariño
Gente del Orden o Guerrillas Unidas del
Pacífico

Nariño y Valle del Cauca (posiblemente en Buenaventura)
Frente 6 Cauca
Columna Miller Perdomo Cauca, Valle del Cauca
Columna Jacobo Arenas Cauca, Valle del Cauca
Frente 30 Valle del Cauca

Nota: Adaptado de Álvarez Vanegas, E., Pardo Calderón, D., & Cajiao, A. (2018, pp- 27-28). las trayectorias y dinámicas territoriales de las disidencias de las FARC (No. 30). Fundación Ideas para la Paz.

Con base en la anterior información, es evidente que la presencia en el territorio nacional por parte de las disidencias no pasa desapercibida (Guaviare, Nariño, Cauca, Meta y Caquetá son las zonas de mayor concentración), además, porque los hechos violentos han ido en aumento demostrando que las capacidades para desestabilizar la seguridad y amenazar la paz siguen vigentes.

Hechos como el secuestro y posterior asesinato de un equipo periodístico ecuatoriano por parte del Frente Oliver Sinisterra, bajo el mando de alias Guacho; buscado por Colombia y Ecuador, dan cuenta de la mutación de conflicto en numerosos grupos criminales que siguen lucrándose de las actividades ilegales, eligiendo territorios fronterizos con Ecuador, Venezuela y Panamá, como sus áreas de influencia, lo que ha provocado que las acciones sean visibles ante la opinión pública.

No es nuevo que la economía ilícita sea la que mueva el andamiaje criminal, a pesar de las excusas discursivas en torno a las políticas de Estado y la solución de problemas políticos y sociales del país, como en su momento lo comunicó el Frente 1, claramente lo que necesitan es un discurso justificativo del cual se apropien la mayoría de los disidentes, y bajo el cual los líderes obtengan legitimación de su lucha. En caso de no emplear un discurso de reivindicación, simplemente sus organizaciones podrían no existir. Tal y como señala Paul Collier “el discurso debería ser exactamente el mismo como si fueran movimientos de protesta” ya que los movimientos rebeldes necesitan de unas buenas relaciones públicas y deben motivar a sus miembros, lo que los diferencia de una organización criminal (2000, p. 3).

Este supuesto se evidencia en el comunicado público del Frente Oliver Sinisterra tras la situación con los periodistas ecuatorianos, afirmaron que: “(…)no somos un grupo de delincuentes ni de narcotraficantes como ellos [los gobiernos de Colombia y Ecuador] nos llaman, somos guerrilleros de las FARC-EP que tenemos nuestros propios principios y nuestros ideales recordándole que volvimos al campo de batalla por la irresponsabilidad del gobierno colombiano al no cumplir los Acuerdos pactados con la dirección del secretariado de las FARC-ELP”.

La nueva dinámica criminal desdibuja un panorama que no es alentador para el gobierno ni las autoridades, estas facciones armadas hacen presencia en gran parte del territorio obteniendo el control de rentas ilícitas, ocultando su accionar a través de la debilidad estatal y la corrupción. Si bien se han logrado resultados operacionales relevantes en cuanto a capturas, muertes e incautaciones aún falta fortalecer la capacidad de respuesta y control institucional para asegurar una desarticulación efectiva.

Por otro lado, se debe tener en cuenta la inestabilidad política por cuenta de la captura de Seuxis Paucis Hernández Solarte, alias “Jesús Santrich”, ya que dentro del partido de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común -FARC- se han generado opiniones divididas, por un lado, Iván Márquez insinuó que el Acuerdo de paz podría romperse, sin embargo, el jefe del partido Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, reiteró el apoyo de su partido al Acuerdo de paz independientemente de las acciones de cualquier miembro del partido. Es probable que, de ser hallado culpable, una vez se surta el proceso de investigación, se dé un impulso a la oposición (en caso de ganar las elecciones presidenciales) para que limite el apoyo del gobierno a la implementación de los Acuerdos y además se incrementa la probabilidad de que los guerrilleros desmovilizados se retiren del proceso y engrosen las filas de las disidencias.

Al estar comprometidos los ámbitos de seguridad y político se debe responder en dos flancos, en los cuales debe implementarse una estrategia integral y comprometida en la consolidación, el control del Estado y el monopolio de la fuerza.

Referencias bibliográficas

Álvarez Vanegas, E., Pardo Calderón, D., & Cajiao, A. (2018). las trayectorias y dinámicas territoriales de las disidencias de las FARC (No. 30). Fundación Ideas para la Paz. Recuperado a partir de http://ideaspaz.org/media/website/FIP_Disidencias_Final.pdf

Estado Mayor del Bloque Comandante Jorge Briceño de las FARC-EP. (2016, jde ulio de). Comunicado sobre el Frente Primero Armando Ríos. Recuperado 17 de abril de 2018, a partir de https://www.farc-ep.co/opinion/bloque-y-frentes/comunicado-sobre-el-frente-primero-armando-rios.html

Frente Primero Armando Ríos. (2016, junio 10). Comunicado Frente Primero Armando Ríos FARC-EP. Recuperado a partir de http://ideaspaz.org/media/website/FIP_Disidencias_Final.pdf

Kjelstad, B. (2018, de abril de). Disidencia del Frente Primero. Recuperado 17 de abril de 2018, a partir de https://es.insightcrime.org/colombia-crimen-organizado/disidencia-frente-primero/

Collier, P. (2000, junio 15). Economic causes of civil conflict and their implications for policy. World Bank. Recuperado a partir de https://siteresources.worldbank.org/DEC/Resources/econonmic_causes_of_civilwar.pdf

Torres, C. (2016, junio 22). Procesos de Paz en gobiernos anteriores. Recuperado 16 de abril de 2018, a partir de http://www.pares.com.co/paz-y-posconflicto/y-usted-que-sabe-de-paz-paz-y-posconflicto/procesos-de-paz-en-gobiernos-anteriores/

Fuente: https://seguridadinternacionaldotblog.wordpress.com/2018/04/23/la-amenaza-de-las-disidencias-de-las-farc-ep-por-haylyn-andrea-hernandez-fernandez-analista-de-inteligencia-aig/