01 Mar

Por: Angélica María Patiño Repizo*

Como ya algunos saben y se ha ilustrado en artículos previos en este blog, el ingreso a la carrera diplomática y consular se hace mediante la inscripción a un concurso público de méritos, el cual tiene diferentes etapas, desde las pruebas de ingreso, hasta el año en periodo de prueba como tercer secretario. Se ha contado, además, sobre los diferentes rangos, la naturaleza de la labor diplomática y el estilo de vida que implica ser diplomático, así como los retos que supone serlo, específicamente en Colombia.

Pero hay una parte que es significativa para esta forma de vida de la que poco detalle se da, y es la correspondiente al curso de formación.

Si bien el proceso de ingreso y el curso como parte del mismo, han tenido muchos cambios, tanto estructurales como procedimentales, debe resaltarse que el curso es un parte muy importante para quienes nos dedicamos a este oficio, siendo en su esencia el que nos define y nos prepara para enfrentar lo que viene después.

Un factor que permite que el curso tenga vital importancia en este proceso, es que no todos los que lo realizan ingresan a la carrera. El curso es en sí mismo un filtro y una competencia, y solo quienes obtienen las mejores calificaciones serán parte del cuerpo diplomático una vez superen el periodo de prueba y sean inscritos en el escalafón.

El curso en la actualidad se realiza en la Academia Diplomática Augusto Ramírez Ocampo y está dividido en ciclos académicos, en los cuales el estudiante debe recibir cátedras en distintas áreas relativas a las relaciones internacionales, al derecho, a la economía, e incluso en redacción y preparación de documentos. A su vez, el estudiante es pasante en el ministerio, y trabaja en diferentes oficinas para ser evaluado y calificado. Una vez concluido el periodo del curso, que es de un año, se publica la lista de elegibles, de quienes pasan al periodo de prueba.

Aunque no es un requisito estricto del curso, estar en medio de una competencia hace que la dinámica sea exigente y los desafíos no sean solo de carácter académico sino sicológico. Se pone a prueba cada uno de los aspectos de la persona, y todos aquellos valores que están dirigidos a comprobar la vocación por la labor diplomática. Como la convocatoria es para profesionales de distintas áreas, siempre hay unas clases más complejas para unos que para otros; es una experiencia diferente para cada uno, es una actividad multidisciplinaria y una manera de acercarse a distintas áreas del conocimiento.

Adicionalmente, el curso y la interacción que allí se produce, se puede asimilar a una ventana cultural a las regiones de Colombia. El curso lo integran personas de todas partes de Colombia, que con sus costumbres, expresiones, cosmovisiones y vivencias, enriquecen a los demás conforme pasan los meses y aumentan el conocimiento del país que algún día van a representar. Se crean verdaderos equipos de trabajo, que se fortalecen no solo para superar las pruebas del concurso, sino para ser los compañeros de equipo por los próximos 30 años.

Algo que me permito resaltar desde mi experiencia personal en el curso, que fue apremiante y dura, es que quienes lo hicieron demostraron ser excelentes profesionales, que dieron de sí lo mejor para lograr su objetivo. A pesar de que no todos son diplomáticos hoy, puedo afirmar con seguridad que un país como el nuestro, que tiene tanto por hacer y por producir, posee con personas como los profesionales que pasan por el curso de formación en la Academia Diplomática, las herramientas necesarias para repensarse y reconstruirse, y que, desde donde sea que estén trabajando aquellos que no accedieron al periodo de prueba, constituyen el más valioso recurso de Colombia, el recurso humano.

El cuerpo diplomático de carrera con el que hoy cuenta Colombia, ha pasado por numerosas pruebas y retos, entre ellos el curso de formación, en el que “muchos son los convocados y pocos los elegidos”. Lo más valioso de todo este proceso, no es solo lo obtenido en varias áreas del conocimiento, la formación especializada, o la formación de carácter y capacidades personales, sino la construcción de un espíritu de cuerpo, que desde el curso llamamos equipo y que nos identifica con los colegas y amigos de carrera.

*Abogada y Profesional en relaciones internacionales y estudios políticos de la Universidad Militar Nueva Granada. Actualmente se encuentra en periodo de prueba como tercer secretario para ser inscrita en el escalafón de la Carrera Diplomática y Consular.

Tomado de: http://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/curso-formacion-diplomatica